“Cuando Mamá Confía en Dios”
Dia de la Madre • Sermon • Submitted • Presented
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Ocasión: Día de la Madre – Iglesia Bautista Omega
Texto base: 1º Reyes 17:8–16 “8 Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo:9 Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente.10 Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba.11 Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano.12 Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.13 Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo.14 Porque Jehová…”
Introducción: Dios ve lo que nadie más ve
Introducción: Dios ve lo que nadie más ve
Hoy celebramos a esas mujeres valientes que Dios ha puesto en medio de nosotros como columnas invisibles del hogar: nuestras madres.
Su amor sacrificial,
sus oraciones silenciosas y su servicio incansable nos han sostenido más veces de las que recordamos.
Y por eso, con gratitud y honra, decimos: ¡gracias mamá!
Pero también somos conscientes de que no todas las madres llegan a este día con sonrisas fáciles o manos llenas.
Algunas llegan cansadas.
Algunas llegan con los ojos húmedos por luchas que nadie conoce.
Algunas están recogiendo, como en nuestra historia que veremos hoy , “dos palos” —una expresión sencilla que representa el agotamiento, la resignación, el final del esfuerzo humano.
Y es a ellas —a ti, mi esposa , mamá a todas las mamas el dia de hoy, a quien hoy queremos hablar con la Palabra viva de Dios.
Vamos a 1 Reyes 17 Porque la historia de la viuda de Sarepta no es un relato aislado. Es un espejo de muchas historias maternas.
Es el reflejo de una mujer sencilla, sin nombre, sin recursos,
pero con un corazón que aún puede creer.
Una madre con miedo, pero con fe.
Una mujer sin provisión, pero con obediencia.
Una mujer que no sabía que su fidelidad cotidiana sería usada por Dios para desatar un milagro que sostendría su casa.
La historia que hoy vamos a predicar tiene lugar en un tiempo de crisis, de sequía, de juicio a causa de la maldad del puedo de israel que por su idolatria estan experimentando la consecuencia de dejar de lado a Dios.
Pero en medio de esa crisis, Dios interviene.
Y lo hace no a través de un rey, ni de un templo, sino en el hogar de una madre desesperada.
Porque así es nuestro Dios: Él entra en los espacios cotidianos, se manifiesta en las cocinas vacías, y llena de propósito las vasijas secas.
Hoy vamos a caminar juntos por 1 Reyes 17:8–16, verso por verso.
Y descubriremos cómo Dios obra en lugares inesperados,
cómo una madre puede responder con fe en medio de la escasez,
cómo el temor se vence con una promesa,
cómo la obediencia trae multiplicación, y cómo la fidelidad de Dios se manifiesta cada día.
Este mensaje es una carta abierta de Dios para cada madre y cada hermano el dia de HOY: y SI QUIERO QUE TE LLEVES AHORA ES una promesa de que Él te ve, te escucha, y quiere sostenerte no solo con pan y aceite, sino con propósito y esperanza.
Punto 1: Dios obra en lugares inesperados (vv. 8–9)
Punto 1: Dios obra en lugares inesperados (vv. 8–9)
1º Reyes 17:8–9 “8 Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo:9 Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente.”
Dios le habla nuevamente a Elías. Lo saca del arroyo seco de Querit, donde había sido sostenido milagrosamente por cuervos, y lo dirige a Sarepta de Sidón, una ciudad gentil, pagana, fuera del territorio de Israel.
Es importante entender que Sarepta estaba en la región de Fenicia, tierra natal de la reina Jezabel, la principal promotora del culto a Baal y perseguidora de los profetas de Dios. En términos humanos, era territorio enemigo.
Y sin embargo, es allí donde Dios decide obrar.
Allí, en un lugar considerado impuro por los estándares judíos,
Dios había preparado a una viuda. No una mujer con influencia, ni con abundancia, sino una viuda pobre, extranjera y con un hijo a su cargo. ¿Qué tipo de lógica es esta? Es la lógica divina, que rompe esquemas humanos.
Esto es interesante ,Dios ya había “dado orden” a esa mujer, aunque ella aún no lo sabía. No fue una orden audible, sino una obra invisible en su corazón, preparándola para lo que vendría. Dios estaba orquestando un encuentro entre dos personas necesitadas: un profeta que huía y una madre desesperada. ¡Qué gloriosa es la soberanía de Dios!
Jesús lo confirma
Jesús lo confirma
El mismo Jesús, siglos después, usó esta historia como enseñanza en Lucas 4:25–26
25 Y en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra; 26 pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón.
Esto causó la ira de sus oyentes sobre todo a los religiosos porque mostraba que Dios no está limitado a las fronteras religiosas, étnicas o nacionales. Él actúa donde hay fe y propósito. Dios escogió a una mujer olvidada por el sistema, pero recordada por el cielo.
Dios escoge lo débil para avergonzar lo fuerte.
1 Corintios 1:27 “27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte;”
Él se complace en usar lo que el mundo desprecia para revelar su poder.
Mamá, tal vez tú sientes que no estás en el lugar ideal. Tal vez piensas que tu casa, tu cocina, tu jornada interminable de trabajo no tienen valor. Pero si Dios te ha puesto allí, es porque quiere hacer algo allí.
Elías fue llevado paso a paso. De Querit a Sarepta.
De la soledad a la comunión.
De un cuervo a una madre viuda.
Así también, Dios te lleva de etapa en etapa, porque en cada lugar hay una manifestación distinta de Su fidelidad.
Aplicación para las madres
Aplicación para las madres
Mamá, quizás tu Sarepta es tu situación actual: la crianza sola, la economía ajustada, la soledad emocional, el cansancio acumulado. Pero no estás donde estás por accidente. Dios también quiere usar tu vida en ese escenario. Y, como con la viuda de Sarepta, Él puede hacer que lo que parece ser el fin… se convierta en el comienzo de un milagro.
1 Corintios 1:27 — “Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte.”
Romanos 8:28 — “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien…”
Isaías 55:8–9 — “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová…”
Punto 2: Una madre que responde, incluso en escasez (vv. 10–11)
Punto 2: Una madre que responde, incluso en escasez (vv. 10–11)
1º Reyes 17:10–11 “10 Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba.11 Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano.”
Después de recibir la orden del Señor, Elías se levanta y obedece. Llega a la puerta de Sarepta y ve a una mujer recogiendo leña. No hay una señal espectacular. No hay ángeles ni una voz del cielo. Solo una mujer pobre, trabajando en silencio, preparando su última comida. Allí estaba el canal de provisión.
Elías se le acerca y le pide algo sencillo: un poco de agua. La petición parece razonable. La viuda, a pesar de su dolor, se dispone a traerle agua. ¡Qué corazón tan generoso en medio de la escasez! Pero mientras va, Elías le lanza otra petición: “Tráeme también un bocado de pan”. Aquí es donde se revela la profundidad de su situación.
Lo poco que tiene
Lo poco que tiene
1º Reyes 17:12 “12 Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.”
Esta viuda no tiene pan cocido. Solo le queda un puñado de harina y un poco de aceite. Iba a cocinar una pequeña torta para ella y su hijo, comerla, y luego esperar la muerte. Y aun así, cuando un extraño le pide agua, ella no se niega. Su corazón no estaba endurecido por la necesidad.
La Escritura no dice que Elías la identificó por una revelación sobrenatural. Él simplemente confió en que Dios lo guiaría. Y la disposición de esta mujer, aun antes de entender todo, es lo que la empieza a calificar como instrumento del milagro.
Esta madre nos representa a muchos de nosotros cuando llegamos al límite.
Cuando parece que todo se está acabando.
Cuando estamos recogiendo “los últimos palos” de esperanza.
ero aún entonces, Dios nos observa. Dios nos visita. Y Dios nos llama a dar lo poco que nos queda.
Hay algo admirable en esta mujer: no respondió con dureza, no cerró su mano. Se puso en marcha. Aunque no tenía pan, sí podía dar agua. ¡Qué enseñanza tan poderosa! A veces no puedes dar todo, pero puedes dar algo. Puedes compartir una palabra, una oración, una mano extendida.
¿Cuántas madres, a pesar de sus propias luchas, siguen sirviendo?
¿Cuántas se niegan a rendirse porque aún queda una pequeña chispa de fe?
Aunque solo tienen “una cucharada de harina emocional”, aún cocinan, aún oran, aún se entregan. Eso es lo que Dios ve.
Mamá, puede que estés en escasez. Quizá no económica, pero emocional o espiritual. Puede que te sientas agotada, recogiendo los palos de tu última reserva de energía. Pero Dios conoce tu lucha, y aun en medio de eso, Él puede usarte. Él te ve. Y como con la viuda, a veces el milagro empieza cuando compartes incluso en tu necesidad.
Hebreos 6:10 — “Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún.”
No subestimes tu generosidad silenciosa. No menosprecies tus pequeños actos de obediencia. Son semillas que preparan el terreno para la multiplicación de Dios.
Lucas 6:38 — “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo…”
Proverbios 11:25 — “El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado.”
2 Corintios 8:2 — “Que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad.”
Punto 3: Dios confronta el temor con una promesa (vv. 12–14)
Punto 3: Dios confronta el temor con una promesa (vv. 12–14)
1º Reyes 17:12–14 “12 Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.13 Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo.14 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.”
Después de haber demostrado generosidad al ir por el agua, la viuda escucha una petición más desafiante: “Hazme a mí primero una torta.” En ese instante, ella revela toda la magnitud de su desesperanza: lo que tenía no era escaso, era el final. Preparaba una última comida para ella y su hijo… y luego se dejarían morir.
El temor que paraliza
El temor que paraliza
El temor no es solo una emoción; es una fuerza que nos frena, que nos hace ver solo lo que falta, que nos roba la esperanza. La viuda estaba paralizada por ese temor. Había aceptado la idea de la muerte como su única opción.
Pero en medio de ese miedo, Elías le dice con autoridad espiritual: “No tengas temor.” Esta es una de las frases más repetidas en toda la Biblia.
Es lo primero que Dios le dice a Abraham (Génesis 15:1 “1 Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande.”
a Josué (Josué 1:9 “9 Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.”
a María (Lucas 1:30 “30 Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.”
a los discípulos en la tormenta (Mateo 14:27 “27 Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!”
Dios sabe que el miedo nubla nuestra fe.
La promesa que activa la fe
La promesa que activa la fe
1º Reyes 17:13–14 “13 Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo.14 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.”
Después de calmar su temor, Elías le declara una promesa: la harina no se agotará, ni el aceite se acabará. Le dice: “Haz como has dicho, pero hazme a mí primero…” El orden aquí es clave. Poner a Dios primero es un acto de fe. No se trata de egoísmo del profeta; se trata de probar dónde está el corazón de la mujer.
Obedecer en ese momento era riesgoso. Pero es esa obediencia en medio del miedo la que abre la puerta al milagro.
Esta es una gran enseñanza para todos, pero en especial para las madres. ¿Cuántas veces has sentido que estás al borde de tus fuerzas? Que has dado todo. Que no queda más. Y de pronto, Dios te pide algo más: tu confianza, tu obediencia, tu fidelidad. Y lo hace no para agotarte más, sino para demostrarte que Él no falla.
La fe no es ausencia de temor. La fe es obedecer a pesar del temor.
13 Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo.
La viuda escuchó la voz de un hombre de Dios en medio de su desesperación… y eligió creer.
Aplicación para las madres
Aplicación para las madres
Mamá, Dios conoce tus temores. Él sabe que hay noches donde no sabes cómo vas a alimentar a tu familia emocional, espiritual o económicamente. Pero también sabe que en ese mismo lugar puede revelarte Su fidelidad. No tengas temor. Confía en Su palabra.
Cuando pones a Dios primero —tu tiempo, tu servicio, tu corazón— Él promete sustentar lo demás. No es un intercambio, es una expresión de fe. Así como la viuda obedeció antes de ver el milagro, tú también puedes caminar creyendo que Él ya ha dado la orden de bendecirte.
Punto 4: Obedecer cuando no se entiende (v. 15)
Punto 4: Obedecer cuando no se entiende (v. 15)
1º Reyes 17:15 “15 Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días.”
Después de enfrentar su temor con una promesa, la viuda toma la decisión más difícil: obedece. No discute. No pide garantías. No espera ver el milagro antes de actuar. Simplemente confía… y hace.
Obediencia antes del milagro
Obediencia antes del milagro
Este versículo es uno de los más poderosos de toda la historia. No por lo que se dice, sino por lo que implica: la obediencia sin garantías.
Esta mujer no había visto aún la multiplicación del aceite. La tinaja seguía igual de vacía. La vasija aún contenía solo unas gotas. Pero ella obedeció la palabra del profeta porque eligió creer que la promesa era real.
La fe verdadera siempre se demuestra en la obediencia.
No basta con creer que Dios puede. Hay que actuar como si ya lo estuviera haciendo. Por eso, Hebreos 11 está lleno de ejemplos de personas que “por la fe… hicieron”. Esta viuda no solo creyó. Hizo.
La obediencia que transforma
La obediencia que transforma
Y el resultado fue asombroso:
1º Reyes 17:15 “15 Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días.”
comieron ella, su hijo, y Elías muchos días. No por su estrategia, no por su previsión, sino por haber obedecido. El acto de dar lo poco que tenía fue lo que activó el fluir sobrenatural de provisión.
Este es uno de los principios espirituales más grandes: cuando obedeces,
Dios se hace responsable del resultado.
Tú haces tu parte en fe, y Dios cumple su parte en fidelidad.
En nuestra cultura, queremos garantías antes de actuar.
Queremos que Dios multiplique primero, y luego dar.
Queremos entender primero, y luego obedecer.
Pero Dios nos llama a una fe que camina sin ver todo el mapa. A una obediencia que confía en Su carácter, no en nuestras circunstancias.
Elías representa aquí la voz de Dios. No era él quien proveía. Era Dios. Pero la obediencia de la viuda no era hacia un hombre, sino hacia la palabra del Señor. Y esa obediencia cambió la historia de su casa.
Aplicación para las madres
Aplicación para las madres
Mamá, a veces el Señor te pedirá cosas que no parecen tener sentido: servir cuando estás cansada, seguir orando cuando no ves fruto, perdonar cuando has sido herida, ser generosa cuando todo aprieta. Pero en esa obediencia hay un milagro escondido. Como la viuda, cuando das lo poco que tienes con fe, Dios hace que eso sea suficiente… y más.
No se trata de hacer “grandes cosas”. Se trata de hacer lo que Dios te ha pedido, aunque parezca pequeño. Tu obediencia puede ser el punto de inicio para una provisión prolongada, para una transformación en tu hogar, para una fe que marcará a tus hijos.
Proverbios 3:5–6 — “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.”
Punto 5: Provisión diaria y fidelidad continua (v. 16)
Punto 5: Provisión diaria y fidelidad continua (v. 16)
1º Reyes 17:16 “16 Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías.”
Después de la obediencia de la viuda, vemos el cumplimiento milagroso de la promesa. Lo que parecía insignificante, se convirtió en un recurso constante. No en abundancia inmediata, sino en provisión sostenida, diaria, fiel. Esto no fue un milagro momentáneo; fue un milagro constante que duró muchos días.
Provisión medida por la fidelidad de Dios
Provisión medida por la fidelidad de Dios
Dios no llenó la casa de la viuda con sacos de harina y barriles de aceite. No hizo llover comida del cielo. Él simplemente evitó que la tinaja se vaciara. Cada día, cuando ella abría el recipiente, había justo lo necesario. Cada día, una nueva oportunidad de confiar. Cada día, un recordatorio de que Dios estaba cuidando.
La fidelidad de Dios no siempre viene como abundancia visible, pero sí como suficiencia constante. Él no solo provee lo necesario para sobrevivir, sino que en el proceso nos enseña a depender de Él con humildad y gratitud.
El carácter de Dios en la escasez
El carácter de Dios en la escasez
Dios se revela no solo en los milagros grandes, sino en los silenciosos. En las pequeñas dosis diarias de gracia que nos sostienen. Muchos quieren ver el Mar Rojo abierto, pero no notan el pan diario en el desierto. Esta mujer experimentó el poder de Dios no en un espectáculo… sino en una tinaja que no se vaciaba.
Dios no le dio a la viuda una seguridad material inmediata, le dio una seguridad espiritual diaria. Como dijo Jesús en Mateo 6:11: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.”
Dios quiere que caminemos en dependencia continua de Su provisión.
Este milagro nos recuerda que a veces el mayor acto de fe no es recibir algo nuevo, sino ver cómo Dios sostiene lo que ya tienes. Es ver cómo ese mismo arroz alcanza un día más, cómo la fuerza emocional que creíste no tener se renueva por la mañana, cómo Dios multiplica el descanso, la gracia, la sabiduría.
No se trata solo de cantidad, sino de continuidad. Dios no falla. Si Él lo prometió, Él lo cumplirá. Su palabra es firme, como en los días de Elías.
Aplicación para las madres
Aplicación para las madres
Mamá, puede que no veas un “gran milagro” hoy. Tal vez no recibas una respuesta espectacular. Pero si hoy tienes lo necesario, si tus hijos tienen alimento, si tienes fuerza para seguir… eso también es un milagro. Y cada día que la tinaja sigue llena, cada vez que el aceite alcanza, es testimonio de que Dios está contigo.
No menosprecies la fidelidad cotidiana de Dios. Dale gracias por la provisión constante, por ese “poco” que nunca falta, por esa fuerza emocional que se renueva aunque anoche lloraste. Él sigue llenando tu tinaja con amor, provisión y gracia.
Lamentaciones 3:22–23 — “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos… nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.”
Mateo 6:33 — “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.”
Filipenses 4:19 — “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”
Conclusión: Una historia de fe silenciosa que honra a Dios
Conclusión: Una historia de fe silenciosa que honra a Dios
La historia no termina con la provisión. Más adelante, el hijo de la viuda muere. Y Elías ora, se postra, clama, y Dios lo resucita. Esto no solo afirma la fe de la madre, sino que revela el corazón de un Dios que no solo provee, sino que restaura la vida.
24 Entonces la mujer dijo a Elías: Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca.
La viuda pasó de decir “Jehová tu Dios” a “la palabra de Jehová”.
Ahora lo conocía.
Ahora lo creía.
Su fe había sido formada en la lucha, en la obediencia, en la provisión y en la prueba.
Mamá, quizás estás en medio del dolor, la escasez o el cansancio.
Pero tu fe silenciosa, tu obediencia fiel, y tu servicio constante están siendo usados por Dios para mostrar Su gloria.
Él no solo quiere darte harina y aceite. Él quiere revelarte Su corazón. Quiere que lo conozcas como tu Dios, no solo como el Dios de otros.
Hebreos 11:6 — “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay...”
Oración final
Oración final
Señor, gracias por las madres como la viuda de Sarepta.
Mujeres que creen aunque estén cansadas, que obedecen aunque no entiendan, que aman aunque les falten fuerzas. Hoy pedimos que bendigas a cada mamá en este lugar. Multiplica su paz, su alegría, su fe. Y que este mensaje quede grabado en sus corazones: Tú ves, Tú cuidas, Tú provees.
En el nombre de Jesús, Amén.
